viernes, 9 de febrero de 2007

Calcuta

Posted by Picasa Puente Haura, Calcuta

Llegué a Calcuta después de unas cuarenta horas de viaje con parada técnica de 24 horas en Bangalore. En el aeropuerto me esperaba Cuca con cara de sueño, eran las nueve de la mañana, y la temperatura rozaba ya los 20ºC. Y lo que me encontré: caos, el interminable ruido de las calles de India, una gran ciudad, una contaminación sofocante y gente, mucha gente, muchísima gente por todas partes… hasta aquí podría ser cualquiera de las otras megalópolis Indias que conozco.


Después de dormir una siesta reconstituyente de dos horas, emprendimos la marcha: Cuca a reencontrarse con su Calcuta, y yo a descubrirla en su compañía. Fuimos a conocer a la familia que Julián cuidaba en una calle de la ciudad. Cuatro niños, los padres y un amigo de la familia. El padre bebe mucho y no es capaz de mantener a la familia, así que viven de la caridad en la calle. Julián los alimentaba y vigilaba su salud, les daba cariño y les hacía sentir bien, humanos. Y Cuca ha aprendido mucho de su maestro calcuteño, así que sabía que hacer y donde hacerlo, ¡y además habla bengalí! Una guía única de la célebre Ciudad de la Alegría.

Llegar a cualquier lugar en la India es sinónimo de una ráfaga de emociones intensas y diversas. Pero hay algo más en el ambiente de Calcuta. Se respira humanidad, mucha humanidad. Y no es porque huela mal: de alguna forma te das cuenta de que allí hay mucha gente que lucha por sobrevivir día a día. En la India no te puedes quedar parado, porque si lo haces te atropellan, literal o psicológicamente. Así que hay que moverse, da igual la dirección. Y así todos nos movemos en la India.

Y claro Cuca y yo no paramos de movernos. Caminamos a todas partes, cogimos un bus que, cómo no, se estropeó justo cuando se había abierto el semáforo (pueden durar hasta 5 minutos)…, íbamos a visitar el mercado de las flores donde miles de personas se movían en un caos organizado haciendo negocios. Claro está, los había que corrían a todas partes currando mucho (los intocables o los subordinados), y los había que te invitan a tomar un chai tranquilamente en medio de una marabunta de flores y humanos que nos gritaban sin parar…. “side, side, side please…”, a ver si nos enterábamos las “antis” que hay que apartarse. Cruzamos el puente Haura en medio de la marabunta que iba y venía de la estación al mercado, estación donde se recogen bastantes personas que acogen en las casas de la Madre Teresa. Increíble.

Está claro que la Madre Teresa, una mujer menuda con sangre eslava en sus venas, no dejó su orden para montar la suya propia aquí, en Calcuta, sólo por casualidad. Calcuta pide a gritos ayuda, caridad, compasión. Os lo juro que aún pienso en Calcuta y me estremezco. Pues ahí están las monjas, postulantes y voluntarios entregados a ayudar a toda la gente necesitada, como se pueda. Su filosofía está clara: todo por y para los pobres, hasta el punto de realizar un voto de humildad severo. Allí todo se hace a mano, lavar las sábanas y ropa de los enfermos TODOS los días, desinfectar camas, lavar platos, ayudar a servir la comida, etc. Tuve la experiencia de ayudar a Cuca (o eso creo) a recoger a un chico muy mal herido y muy débil a la salida del mercado de Sealda. Yo ni lo había visto con la cantidad de gente, ¡y pasé al lado! Lo llevamos a PremDan, la casa de los enfermos y discapacitados donde trabaja Cuca y parece que Ari, así se llama el chico, ya está mejor, recuperándose. No sabemos que le hubiera pasado a Ari si Cuca no hubiera pasado por allí. El caso es que así fue. Y esto es lo que ocurre en Calcuta todos los días, a los que tienen suerte de ser vistos. Fue muy duro pero a la vez bonito.

Menos mal que Calcuta también tiene sus refugios occidentales, que aunque sean un tópico son MUY necesarios cuando estás en un país como la India. Así que visitamos varias veces el famoso Fairlawn hotel de La Ciudad de la Alegría para tomar una cerveza, que es lo que hace todo el mundo que lo visita. También visitamos algún mercado, no podía perderme la artesanía y diseños locales, y hasta paseamos en chanclas sucias por toda la piscina del Oberoi, que está en medio de toda la zona comercial y de restaurantes tipo indio. Este contraste es heavy metal.

Uno de mis momentos favoritos fue después de levantarme a las cinco de la mañana para caminar 45 minutos a la misa de la Casa Madre, ¡como lo oís! Quería hacer toda la ruta con Cuca para saber cómo eran sus días de trabajo, así que después de la misa fuimos caminando por una calle del barrio musulmán, llena de comercios que abren pronto. Eran las siete y poco de la mañana. Tomamos chai en la calle con todos los hombres mirándonos, y después hicimos la compra del día para la comida de la familia que os comentaba. En la India las rutinas matutinas en plena calle son bastante frecuentes, cualquier cosa que vosotros haríais normalmente en vuestros baños, aquí puede ocurrir en la calle. Después de llevar las compras a la familia seguimos caminando a PremDan, otro paseo lleno de emociones por todos lados. El “slum” (fabella) que está al lado de la vía del tren y de PremDan es MUY fuerte. La gente vive en unas condiciones que ni os podéis creer, salvo los que lo conocéis, mirad las fotos. Y así llegamos a la casa donde Cuca está trabajando estas semanas. Entrar me recordó un poco a la sensación de tranquilidad que tengo cuando entro en la Fundación después de haber estado en Anantapur, o en algún otro pueblo. Se respira tranquilidad, cosa que no es fácil de sentir en las ciudades Indias.
Sin saber muy bien como, me encontré lavando la ropa con un grupo de unas 10 koreanas voluntarias, que habían montado una auténtica cadena de trabajo MUY eficiente, por cierto. No entendía nada, así que fregué y fregué hasta que se acabó la ropa, mientras Cuca hacía camas. Y así sin parar repiten este trabajo todos los días monjas y voluntarios, aportando brazos y sonrisas. Y claro, no os podéis imaginar como se acordaba todo el mundo de Julián, menuda huella que ha dejado por estos mundos.

Mi visita a Calcuta duró poco pero ha sido intensa y emocionante. La Cuqui es una valiente y la mejor guía de Calcuta que os podáis imaginar, por si como a Julián, Cuca y a otros muchos voluntarios y viajantes como yo, os apetece conocerla.




6 comentarios:

qkotas dijo...

ey sister! despues de leer esto solo puedo decir: onec, onec, onec donyobad! o lo que es lo mismo: gracias Ari por acompanarme en uno de los viajes mas importantes y dificiles de mi vida hasta ahora. Es verdad que Calcuta es una ciudad muy dificil desde el punto de vista de un occidental, sin embargo entre tanto horror, es donde mas he crecido humanamente y donde mas he ejercitado mi corazoncito. Siempre digo que venir a Calcuta es como llevar al corazon a un intensivo del Holiday Gym, porque en poco tiempo el pobre coje aguteas de tanto latir y crecer. Ahora fuera de broma, es una pena que tenga que exitir un horror asi para que podamos vivir experiencias de crecimiento tan bonitas e intensas. Muchas gracias sister, I luv ya.

germán dijo...

Hola Arianne. Estoy muy impresionado con lo que nos cuentas de India. Me ha llamado la atención especialmente lo que relatas sobre Calcuta. Leí hace muchos años La Ciudad de la Alegria y fue un libro que se me quedó grabado. Siempre pensé que las personas que hacen lo que Cuca y tú estáis haciendo tienen un corage especial. Estáis hechas de una pasta diferente. Os admiro. Mucho. Un beso. Sigue escribiendo

Anónimo dijo...

Menina,
aprovecho este blog que as creado para decirte que admiro la capacidad que teneis (tu y la Cuca) para explorar el "universo" de la India sin miedos, con la confianza y seguridad que dá el creer ("acreditar") en nosotros propios. Claro que no sería suficiente la convicción interior de que "somos capaces". A esto se asocian otros muchos sentimientos: curiosidad, VOLUNTAD, interés, GENEROSIDAD, deso de explorar, de poner a prueba, pero sobre todo es el AMOR, sin duda, el que os mueve a poner en practica este tipo de "actos"
Seguid creciendo y haciendo crecer a los demás.
Yo seguiré el hilo....

maripi dijo...

Hola Arianne:parece que te ha gustado India,se te ve entusiasmada.Mientras tanto,aqui te espera una botellita de vino,que me imagino abriremos...un besito Maripi,Juan y los Pipos

borjaluque dijo...

Esa Arianne!
Que suerte sigues teniendo...Me voy a quedar sin envidia, felicidades y a seguir disfrutando.
Boroja

borjaluque dijo...

No se hacerme seguidor de tu blog...
Boroja